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miércoles, 15 de mayo de 2013

Walter Benjamin y el capitalismo como religión

Recuerdo que en Octubre del 2010, publiqué una entrada en este blog, en torno al pasaje escrito en Hebreos 11:1, en torno a la fe: La fé es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve.



Hoy me permitiré reproducir en este blog, este interesante análisis de Walter Benjamin en torno al paso a través del cual, el capitalismo se transforma en una religión.






Me permito advertir, que no soy de izquierdas, pero tampoco de derechas. Mi tendencia social y política humanista, consecuente con la naturaleza masónica a la que me debo, me lleva el día de hoy a llevar al lector este interesante artículo, que invito a degustar bajo los criterios del "arte real".






No obstante quien no se sienta llamado por estos temas, está invitado a pasar de largo por esta publicación.






Recibid mi T:.A:.F:.









M:.M:. Yuguito




(OEVR - V:.M:.I:. )




V° Ord:. – Gr:. 9


S:.G:.M:. de la Gran Logia Mixta de los Andes Ecuatoriales


Sup:. Com:. Del Sublime Consejo del Rito Moderno para el Ecuador












Walter Benjamin y el capitalismo como religión

























Por: Giorgio Agamben

Extraido de: lostraniero.net

Traducido para Rebelión por S. Seguí

1. Hay signos de los tiempos que, aunque obvios, los hombres, que escrutan las señales en los cielos, no llegan a percibir. Cristalizan en eventos que anuncian y definen la época, es decir, eventos que pueden pasar inadvertidos y no alterar en nada, o casi nada, la realidad en la que encajan y que, sin embargo, y precisamente por esto tienen valor de signo, de indicio histórico: semeia ton kairon . Uno de estos eventos tuvo lugar el 15 de agosto de 1971, cuando el gobierno de EE.UU., bajo la presidencia de Richard Nixon declaró que la convertibilidad del dólar quedaba suspendida. Si bien esta afirmación ponía fin, de hecho, a un sistema que había vinculado durante mucho tiempo el valor de la moneda a una base áurea, la noticia, que saltó en plenas vacaciones de verano, provocó menos debate del que era razonable esperar.

Sin embargo, desde ese momento, la inscripción que todavía se puede leer en muchos billetes de banco (por ejemplo, en los de la libra esterlina o la rupia, pero no en los del euro): “ Me comprometo a pagar al portador la suma de ...” refrendada por el gobernador del banco central, perdió definitivamente su sentido. Esta frase pasó a significar que a partir de ese momento a cambio del billete el banco central correspondiente haría entrega a quien lo solicitara (si alguien era lo suficientemente tonto como para hacerlo) no una cierta cantidad de oro (para el dólar, 1/35 de onza) sino un billete exactamente igual. El dinero había quedado desprovisto de cualquier valor que no fuera el puramente autorreferencial. Tanto más sorprendente fue la facilidad con que fue aceptado el acto del soberano estadounidense, que equivalía a cancelar el patrimonio de oro del dueño del dinero. Y si, como se ha sugerido, el ejercicio de la soberanía monetaria de un Estado consiste en su capacidad para inducir a los participantes del mercado a emplear sus obligaciones como dinero, en ese momento las obligaciones perdieron toda consistencia real, se habían convertido en puro papel.

El proceso de desmaterialización de la moneda se había iniciado muchos siglos antes, cuando las necesidades del mercado llevaron a añadir a la moneda metálica, necesariamente escasa y engorrosa, letras de cambio, billetes bancarios, juros , goldsmith’s notes, etcétera. Todas estas monedas de papel son en realidad títulos de crédito, por cuya razón se conoce como moneda fiduciaria. La moneda metálica, en cambio, valía –o hubiera debido valer– su contenido de metales preciosos (cuestión, como se sabe, insegura: el caso extremo fue el de las monedas de plata acuñadas por Federico II, que apenas usadas dejaban a la vista el rojo de cobre). Sin embargo, Schumpeter (que vivió, es cierto, en un momento en el papel moneda había desbordado la moneda metálica), pudo afirmar no sin razón que, en última instancia, todo el dinero es sólo crédito. Después del 15 de agosto de 1971, habría que añadir que el dinero es un crédito basado sólo en sí mismo y que no refleja nada más que a sí mismo.

2. El capitalismo como religión es el título de uno de los más penetrantes fragmentos póstumos de Walter Benjamin.

Que el socialismo era algo parecido a una religión fue observado con frecuencia (entre otros por Schmitt: “El socialismo pretende dar vida a una nueva religión que para los hombres de los siglos XIX y XX tuvo el mismo significado que el cristianismo para los hombres de hace dos mil años.”) Según Benjamin, el capitalismo no es sólo, como afirma Weber, una secularización de la fe protestante, sino que él mismo es esencialmente un fenómeno religioso, que se desarrolla como parásito a partir del cristianismo. Como tal, como religión de la modernidad, se define por tres características:

1.- Es una religión de culto, tal vez la más extrema y absoluta que ha existido jamás. Todo en ella tiene significado sólo con referencia al cumplimiento de un culto, no con un dogma o una idea;

2.- Es un culto permanente, es “la celebración de un culto sans trève et sans merci ”. No es posible aquí distinguir entre días festivos y días laborables, sólo hay un único e ininterrumpido día de fiesta-trabajo en el que el trabajo coincide con la celebración del culto;

3.- El culto capitalista no remite a la redención o la expiación de la culpa, sino a la culpa misma: “El capitalismo es quizás el único caso de un culto no expiatorio sino culpabilizador… Una monstruosa conciencia culpable que no conoce la redención se convierte en culto, no para expiar en éste su culpa sino para hacerla universal ... y para atrapar al final a Dios mismo en la culpa ... Dios no ha muerto, sino que se ha incorporado al destino del hombre.”

Precisamente porque tiende con todas sus fuerzas no a la redención sino a la culpa, no a la esperanza sino a la desesperación, el capitalismo como religión no tiende a la transformación del mundo sino a su destrucción. Y su dominio es en nuestro tiempo tan completo que los tres grandes profetas de la modernidad (Nietzsche, Marx y Freud) conspiran, según Benjamin, con él, son solidarios, de alguna manera, con la religión de la desesperanza. “Este paso del planeta hombre por la casa de la desesperación, en la soledad absoluta de su recorrido es el ethos que define Nietzsche. Este hombre es el superhombre , es decir el primer hombre que comienza a darse cuenta conscientemente de la religión capitalista.” Pero también la teoría freudiana pertenece al sacerdocio del culto capitalista: “Lo reprimido, la representación pecaminosa ... es el capital, sobre el cual el infierno del inconsciente paga intereses.” Y, en Marx, el capitalismo “con los intereses simples y compuestos, que son función de la culpa ... se transforma inmediatamente en socialismo”.
Evolución de Dios
3. Vamos a tratar de tomar en serio y desarrollar la hipótesis de Benjamín. Si el capitalismo es una religión, ¿cómo podemos definirlo en términos de fe?, ¿en qué cree en el capitalismo? ¿qué implica, en lo que respecta a esta fe, la decisión de Nixon?

David Flüsser, gran estudioso de la ciencia de las religiones –hay también una disciplina con este extraño nombre– estaba trabajando sobre la palabra pistis , palabra griega que Jesús y los apóstoles utilizaban para “fe”. Un día se encontraba en una plaza de Atenas y en un momento dado, al levantar los ojos, vio escrito en grandes caracteres ante él Trapeza tes pisteos . Aturdido por la coincidencia, miró mejor y después de unos segundos se dio cuenta de que simplemente estaba ante un banco: trapeza tes pisteos significa en griego “banco de crédito”. He aquí el significado de la palabra pistis, que llevaba meses tratando de averiguar: pistis , “fe” no es más que el crédito de que gozamos ante Dios y del que la palabra de Dios goza en nosotros desde el momento en que creemos en él. Por esta razón Pablo puede afirmar en una famosa definición que “la fe es la sustancia de las cosas esperadas”: es lo que da credibilidad a la realidad y a lo que no existe todavía, pero en lo que creemos y tenemos fe, en lo que hemos puesto en juego nuestro crédito y nuestra palabra. Creditum es el participio pasado del verbo latino credere : es aquello en lo que creemos, en lo que ponemos nuestra fe, cuando establecemos una relación de confianza con alguien tomándolo bajo nuestra protección o prestándoles dinero, confiándonos a su protección o tomando dinero prestado. En la pistis paulina pervive, es decir, la antiquísima institución indoeuropea que Benveniste ha reconstruido, la “fidelidad personal”: “El que detiene la fides puesta en él por un hombre tiene en su poder a este hombre ... En su forma primitiva, esta relación implica una reciprocidad: poner nuestra fides en alguien procuraba, a su vez, su garantía y su ayuda.”

Si esto es cierto, entonces la hipótesis de Benjamin de una estrecha relación entre capitalismo y cristianismo recibe una confirmación ulterior: el capitalismo es una religión basada enteramente en la fe, una religión cuyos seguidores viven sola fide (sólo por medio de la fe). Y como, según Benjamin, el capitalismo es una religión en la que el culto se ha emancipado de todo objeto y la culpa de todo pecado y, por lo tanto, de toda posible redención, así, desde el punto de vista de la fe, el capitalismo no tiene objeto: cree en el hecho puro de creer, en el puro crédito ( believes in pure belief ), es decir: en el dinero. El capitalismo es, por ello, una religión en la cual la fe –el crédito– ha sustituido a Dios. En otras palabras, en tanto que la forma pura del crédito es dinero, es una religión cuyo dios es el dinero.

Esto significa que el banco, que no es más que una máquina de fabricar y manejar crédito, ha tomado el lugar de la iglesia y, mediante la regulación del crédito, manipula y administra la fe –la escasa e incierta confianza– que nuestro tiempo todavía tiene en sí mismo.

4. ¿Qué ha significado para esta religión la decisión de suspender la convertibilidad en oro? Ciertamente, algo así como una aclaración de su propio contenido teológico, comparable a la destrucción mosaica del becerro de oro o al establecimiento de un dogma conciliar. En cualquier caso, un paso decisivo hacia la purificación y cristalización de su propia fe. Ésta –en forma de dinero y crédito–se emancipa ahora de todo referente externo, cancela su nexo de idolatría con el oro y se afirma en su carácter absoluto. El crédito es un ser puramente inmaterial, la parodia más perfecta de esa pistis , que no es sino “la sustancia de lo que se espera.” La fe –así rezaba la famosa definición de la Carta a los Hebreos– es sustancia – ousia , término técnico por excelencia de la ontología griega– de lo que se espera. Lo que Pablo quiso decir es que el que tiene fe, el que ha puesto su pistis en Cristo, toma la palabra de Cristo como si se tratara de la cosa, el ser, la sustancia. Pero es precisamente este “como si” lo que la parodia de la religión capitalista elimina. El dinero, el nuevo pistis , es ahora inmediatamente y sin residuos sustancia. El carácter destructivo de la religión capitalista, de la que hablaba Benjamin, aparece aquí en plena evidencia. La “cosa esperaba,” ya no existe, ha sido destruida, y tiene que serlo porque el dinero es la esencia misma de la cosa, su ousia en el sentido técnico. Y, de esta manera, se quita de en medio el último obstáculo a la creación de un mercado de la moneda, a la transformación integral del dinero en mercancía.

5. Una sociedad cuya religión es el crédito, que sólo cree en el crédito, está condenada a vivir a crédito. Robert Kurz explicó la transformación del capitalismo del siglo XIX, todavía basado en la solvencia y la desconfianza respecto al crédito, en el capitalismo financiero contemporáneo. “Para el capital privado del siglo XIX, con sus propietarios personales y sus respectivos clanes familiares, eran todavía válidos los principios de honorabilidad y solvencia, a la luz de los cuales el incremento del uso del crédito era casi obsceno, como un comienzo del fin. Las novelas por entregas de la época están llenas de historias donde las familias numerosas se arruinan a causa de su dependencia; en algunos pasajes de Los Buddenbrook , Thomas Mann llegó a crear un tema de Premio Nobel. El capital productivo sujeto al pago de intereses era, por supuesto, esencial para el sistema desde el primer momento de su formación, pero todavía no tenía un papel decisivo en la reproducción capitalista global. Los negocios de capital “ficticio” se consideraban típicos de los ambientes de estafadores y personas deshonestas, al margen del capitalismo real ... Incluso Henry Ford se negó durante mucho tiempo al uso del crédito bancario, obstinándose en su decisión de financiar sus inversiones sólo con su propio capital.” (R.Kurz, El fin de la política y la apoteosis de dinero , Roma, 1997; Die Himmelfahrt des Geldes , en “Krisis”, 1995).

Durante el siglo XIX, esta concepción patriarcal se disolvió completamente y el capital empresarial recurrió cada vez más al capital monetario, tomado del sistema bancario. Esto significa que las empresas, con el fin de seguir produciendo, deben, por así decirlo, hipotecar por anticipado cantidades crecientes de trabajo y de futura producción. El capital productor de mercancías se alimenta ficticiamente de su propio futuro. La religión capitalista, de acuerdo con la tesis de Benjamin, vive de un endeudamiento permanente, que no puede ni debe extinguirse. Pero no son sólo las empresas las que viven, en este sentido, sola fide , a crédito (o a débito). También los individuos y las familias, que recurren cada vez más al mismo, están análogamente tan implicados en este continuo y generalizado acto de fe en el futuro. Y la Banca es el sumo sacerdote que administra a los fieles el único sacramento de la religión capitalista: el crédito-débito.

sábado, 29 de enero de 2011

Sobre Pensamiento Racional y Pensamiento Dogmático

Para empezar a tratar este tema, es fundamental partir primeramente de los conceptos de Razón y Dogma, que son la esencia de los diferentes pensamientos que se expondrán a continuación:
  1.     Se entiende por razón[1] la facultad en virtud de la cual el ser humano es capaz de identificar conceptos, cuestionarlos, hallar coherencia o contradicción entre ellos y así inducir o deducir otros distintos de los que ya conoce. La razón humana, más que descubrir certezas[2] es una capacidad de establecer o descartar nuevos conceptos[3] concluyentes o conclusiones, en función de su coherencia con respecto de otros conceptos de partida o premisas. Para alcanzar este objetivo, la razón se vale de principios, que por su naturaleza tautológica[4], el ser humano asume íntima y universalmente como ciertos. Éstos son descritos por la lógica, que es la disciplina encargada de descubrir las reglas que rigen la razón, y sus principios lógicos son básicamente
  • El principio de identidad, que evidencia que un concepto es igual a ese mismo concepto (A es A).
  • El principio de no contradicción, que evidencia que un mismo concepto no puede ser y no ser a la vez (A no es negación de A).
  • El principio del tercero excluido, que evidencia que entre el ser o no ser de un concepto, no cabe situación intermedia (o A es, o no lo es).
Por este motivo también se conoce a la “razón” con el nombre de “Quantum”, ya que permite “cuantificar”, “medir”, “discernir” o “inteligir”, teniendo además en consideración, que es la razón el elemento que distingue e imprime su valor al ser humano, diferenciándolo del resto de la cadena de animales, otorgándole el apelativo de “animal racional”.

2.   Entiéndase por dogma[5] una doctrina sostenida por una religión u otra organización de autoridad y que no admite réplica, es decir, es una creencia individual o colectiva no sujeta a prueba de veracidad, cuyo contenido puede ser: religioso, filosófico, social, sexual, etc., impulsado por una utilidad práctica, y teniendo en cuenta que la enseñanza de un dogma o de doctrinas, principios o creencias de carácter dogmático se conoce como “adoctrinamiento”.

En cuanto a su origen el término podría relacionarse también a una norma o decreto emitido por una autoridad, o una opinión característica de una escuela filosófica, sin embargo con el crecimiento de la autoridad de la Iglesia, la palabra adquirió el que ahora es su significado principal, "teológico", del que se derivan, por analogía, el resto de los usos habituales, y por tanto serían “dogmas” no sólo las llamadas verdades de la religión católica, sino las de cualquier otra religión, o cualquier otra creencia que es proclamada como “verdad indiscutible”.

Por otro lado, hay que resaltar debido a esto que a partir del Renacimiento, se vincula estrechamente a la “razón con la ciencia”, y al “dogma” con la fe, y este último con la religión, pero es necesario dejar asentando que el “dogma”, no tiene que ver ni con el “mito”, ni con el “pensamiento mítico”, así como tampoco con “experiencia”, y “conocimiento empírico”.

"Fábricas de la Muerte"
Máxima expresión del "racionalismo instrumental",
o de la "estupidez humana"?

Por qué es importante diferenciar el uno del otro?

Pues simplemente porque los seres humanos desde sus primeros intentos de organización, se han visto envueltos por estas 2 corrientes de pensamiento, por un lado el “dogmatismo”, y por otro el “racionalismo”, conteniendo este último al “empirismo”. 

Pero para caer en cuenta de cómo estás formas de pensamiento han influido en el devenir de la humanidad, hay que destacar que “en los albores de las distintas civilizaciones no existían más que dos elementos, que actualmente no se conciben: “el pastor que guía, y el rebaño que obedece[6]”, comprensible específicamente por cuanto en principio el pueblo fue tan solo una masa gregaria; y quién conducía, tenía poderes plenos para “organizar”, frente al miedo que provocaba en el ser humano, enfrentarse ante los peligros de la naturaleza, lo cual le imprime a la vez su sello de “animal social”; sin embargo, no se debe olvidar que han ido cambiando los intereses, de tiempo en tiempo, en función de la óptica de la clase dominante, llegando a su máximo fulgor ambas formas de pensamiento, en la Edad  Media, (hechos de los cuales no se centrará hoy este estudio), con el “oscurantismo” inspirado en el “dogmatismo religioso”, y la “ciencia” inspirada en la “razón”, durante la Modernidad; cómo si del paso de la oscuridad a la luz, se encargará de demostrar la historia. 

Sin embargo tampoco hay que creer que por ese motivo, se debe tercerizar toda responsabilidad de nuestras vidas a la razón de manera exclusiva, o quizá a la fe, más aún cuando los representantes de la “teoría crítica”, que nació salvada del holocausto, como una ruptura con la izquierda clásica, la izquierda ortodoxa y el capitalismo salvaje, y en contradicción constante con el racionalismo y con el idealismo, Max Horkheimer y Theodor W. Adorno, pusieron en evidencia, las consecuencias que trae el uso de la “razón instrumental”, en el empleo de la ciencia y técnica para crear “fábricas de la muerte”, en las cuales diariamente, se acababan con decenas de miles de judíos por día, quienes entre sus tesis acerca del antisemitismo, explicado según Gandler (2009;28-29) lo ponen en evidencia como el “resultado de la contradicción entre lo particular y lo universal, en la que se encuentran los judíos[7] en las sociedades modernas ilustradas”, mas no como “la perversión de los ideales del proyecto histórico burgués capitalista-cristiano, mundializado con la colonización, sino como su consecuencia lógica”, contradiciendo el ideal de “liberté”, y reflejando a su manera el ideal de “égalité” centrado en un "interés de grupo," cuando en realidad es la “comunidad del pueblo racial”, dentro de las relaciones de producción existentes, “la forma más relevante” de celebrar el ideal de “fraternité”.

Es triste además evidenciar en compañía de estos dos autores de la teoría crítica, que el antisemitismo “tiene su raíz histórica más profunda en el cristianismo”, que pese a haber perdido influencia a nivel religioso, “persiste de manera seudorracionalizada en muchos de los “valores”, actitudes y estructuras de las sociedades modernas e ilustradas”, tomando en cuenta que los irracionalismos religiosos (otra forma de llamar al dogmatismo), importados a una forma “ilustrada” de pensar, ya no pueden tolerar ninguna divergencia, donde además la verdad ilustrada es única y no da cabida para nada más; todo para justificar un complejo de Edipo, u odio al padre, que tiene el cristianismo, con su propio origen histórico, "la religión judía", destruyéndola para autoafianzarse como religión propia, y no parecer una “diáspora”judía" como lo era a lo largo de su primera época, usando los logros técnicos, no para establecer formas más emancipadas de vida, sino para tratar de superar de una manera falsa el miedo a lo desconocido y a lo natural por vía de su exclusión, de su represión, y hasta su destrucción (Gandler; 2009: 30), como una forma perversa de adaptación de ambos pensamientos.

En este aspecto no queda más que tener claramente definido que el problema del conocimiento, es una relación permanente entre el sujeto y el objeto del estudio, y que además este está perfectamente ligado a la acción, donde dosis de irracionalidad[8] convertidas en “creatividad”, en unión con la racionalidad son de ayuda para mantener en el horizonte el respeto al derecho humano, y garantizar a través de un “control racional” la convivencia pacífica entre personas.

Pero ahora es el turno de la fe, y en ese aspecto, Kierkegaard[9] en su obra “El salto de la fe”, dentro de su concepción, nos invita a observar como un individuo cree en Dios o como una persona actúa en el amor, dado que no se trata de una decisión racional, transcendiendo la racionalidad en favor de algo más extraordinario que es la fe, considerando además que tener fe era al mismo tiempo tener dudas, de modo que para tener verdadera fe en Dios, el ser humano tendría que dudar también de su existencia, pues la duda, tal cual la considera René Descartes, es la parte racional del pensamiento de la persona, y sin ella la fe no tendría sustancia real, convirtiéndose la duda en un elemento esencial de la fe, y un fundamento, discutiendo así la subjetividad de los asuntos religiosos, pues la fe consiste en la relación subjetiva de total compromiso con tales doctrinas.

Es menester concluir este espacio, que es a la vez un reto, con una reflexión sobre una frase de William Drumond, que dice:

“El que no quiere razonar es un fanático; el que no sabe razonar es un necio; el que no se atreve a razonar es un esclavo”, asegúrense de no pertenecer a alguno de estos rangos.



[1]   Tomado del portal: http://es.wikipedia.org/wiki/Raz%C3%B3n_%28filosof%C3%ADa%29. Cabe mencionar que está definición es coincidente a la que se utiliza tanto en portales como en textos de filosofía
[2]           Sin embargo hay que destacar que epistemológicamente, verdad y certeza no son la misma cosa. El sentido epistemológico de verdad, se da a través de la verificación, en función de la repetición en la obtención del resultado, como decir que 2+2=4, en tanto que la certeza, no siempre cumple con esa función de verificación, de modo que se pueden dar como ciertas, cosas que son totalmente falsas, como por ejemplo al decir que el sol gira alrededor de la tierra, porque eso es lo que determinan nuestros sentidos.
[3]           El “concepto” es el “ser”, o sea, “la esencia misma de las cosas”, “es lo que es”.
[4]           Es decir, se explican en sí mismos.
[5]          Tomado de: http://es.wikipedia.org/wiki/Dogma. Igual que en la definición anterior, esta es igual a la descrita en portales como en textos relacionados con el tema desde un punto de vista filosófico.
[6]           Valenti Santiago, Las Sectas y las Sociedades Secretas a través de la Historia, p. XII, Editorial del Valle de México, México, 1975.
[7]           Hablar en este punto a favor o en contra de los judíos, sería caer en juzgamiento, e inclusive, en elucubración, por lo cual se recomienda prudencia. Al fin y al cabo son seres humanos, y nada justifica la muerte de otro por cualquier motivo.
[8]           En referencia a la carga de emocionalidad y otros factores que forman parte del ser humano.
[9]           Sören Kierkegaard (1813-1855), es considerado el padre del existencialismo